Cada día me llegan nuevas impresiones: uno que me habla de Tribunales en los que se describe a las aspirantes como "trisconas" (creo que, en ese contexto, se trataba de un "mérito"); otra que ha formado parte de un Tribunal y que dice sentirse avergonzada de las condiciones en que han tenido que trabajar y... decidir (al parecer, preocupada por no haber sido capaz de actuar, posiblemente, con los criterios más adecuados y justos); otro miembro de un Tribunal distinto que se ha llegado a escandalizar por la indeterminación del método, por la arbitrariedad y frivolidad de algunos, por la disparidad antitética de muchas opiniones... Y este mismo es el que me ha dado, además, alguna otra pista (en la línea, curiosamente, de lo que -el mismo día que lo conocía y hablaba con él- este humilde cronista del desastre describía en la entrada "Teorías de antemano II").
Os voy a hacer un resumen (y esta información os la doy gratis, que así soy de generoso): básicamente, se trata de que sólo un 40% de lo que se ha -digamos- valorado corresponde a la Programación y a las Unidades Didácticas propiamente dichas. Así que, si vuestro trabajo era extraordinario, fuera de serie, tenéis un 4. ¿Lo demás?: pues se trataría de un batiburrillo infumable de "criterios" (como yo ya los he descrito antes, "a discreción") que valorarían los "imponderables e intangibles"; ese je ne sais quoi, esa magia personal intransferible que sólo unos pocos elegidos ¿poseen?... En resumen: el "circo de tres pistas", los malabarismos, los trucos, el más difícil todavía. Todo ello, en efecto, muy en sintonía con la realidad de la práctica docente EFECTIVA. Es por ésto que la experiencia de los aspirantes, en realidad, NO VALE NADA. ¡Bienvenidos al maravilloso mundo de fantasía de la "lotería"! (Enhorabuena a los ganadores).
¿Parezco indignado? ¿Os llega mi sarcasmo tan arriba que os ahoga?... Yo diría que os jodierais. Pero ya tengo a demasiados en mi contra; suficientes preocupaciones y problemas: tengo que pensar, por ejemplo, en cómo concentrarme en mi trabajo (sí, es verdad, lo tengo; aunque no sé por cuánto tiempo... ¿Debo, además, sentirme culpable por ello?); en cómo apartar de mi mente la angustia, el agravio y la humillación perpetuos; en cómo afrontar esto sin que mis relaciones personales, familiares y profesionales se enrarezcan hasta el punto de amenazar ruina... ¿No os parece bastante?... Pero no os fiéis los que me dais por muerto: si salgo de ésta, seré aun más fuerte y resistente. Un abrazo a todos.
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